El Padre Errazuriz
[20/10/2006 6:15 pm]

Como era ya tradicional, el P. Gonzalo Errazuriz, jesuita, dirigió desde el arzobispado por micrófono, la Vía Crucis del Viernes Santo en la Plaza Colon. Su voz entera y fervorosa ayudaba a todos los fieles a acompañar a Jesús en su Pasión y Muerte. Al poco tiempo, ni una hora después, ocurría también la muerte del P. Errazuriz. Elegido por el Señor para seguirlo en su vida, Jesús lo llamo a compartir también el día de su muerte para esperar la resurrección final junto a El.

Del P. Errazuriz queda entre nosotros un gran recuerdo, con muchas facetas, todas importantes y ricas, valiosas y fecundas. 

Representaba el P. Errazuriz la tradición de la Compañía en el Colegio san Luis. Sus 25 años en esa comunidad eran el vinculo con otro gran sacerdote, el P. Nicanor Marambio. Muchos jesuitas han trabajado en el colegio, pero ininterrumpidamente estuvieron allí, el P. Marambio primero y, después, el P. Errazuriz, los dos hasta su muerte.

Y esa tradición es de un inmenso valor, no solo por el significado y contribución para quienes han formado parte de esa comunidad escolar, sino también para la iglesia, que ha demostrado la permanente vigencia y validez del colegio, particularmente en un medio tan secularizado como es el norte chileno. El colegio católico es, ciertamente, una instancia privilegiada para evangelizar a la niñez, a la juventud y a sus familiares: Y a eso dedico su vida el P. Errazuriz. Mas allá de la estadística del numero de alumnos y profesores del Colegio San Luis, es indiscutible la presencia moral de ese establecimiento en la cultura y en la vida familiar de nuestro ambiente nortino, y en su dispersión por todo Chile, desde esta ciudad de paso que es Antofagasta para tanta gente. 

Fue el P. Errazuriz un gran educador. Se conocía esa cualidad por el testimonio de alumnos, ex alumnos y sus familias: y un educador que hacia amables los principios y valores que transmitía, además de traslucir una gran sinceridad personal, mezclando con delicada amenidad sus enseñanzas.

Le gustaba cultivar la historia de Chile. Tenia dominio de ella y una afición, dijéramos ancestral. Entre sus antepasados había notables servidores el bien publico y de la iglesia, y su mismo hogar conoció el interés y la dedicación por el servicio de la patria. Su conversación ilustraba muchos sucesos conocidos por él en su familia. Era muy grato conversar con el Padre Errazuriz y perderse en los años de la historia remota y mas próxima. No se si haya dejado escritos de sus recuerdos. Su memoria era una cantera, desde cuando niño había sido presentado con sus hermanos a D. Crescente Errazuriz, Arzobispo de Santiago, pariente suyo. 

Los 25 años del P. Errazuriz en Antofagasta lo hicieron hombre del norte, de ese norte que desde la capital se mira como la periferia de Chile. El comprendió en valor de esa latitud y el servicio que la iglesia presta en la región. Poco a poco se fue identificando con la zona y sus gentes, y era ya un perfecto conocedor de este gran trozo de Chile. Lo conocía con cariño y optimismo: por eso pudo ser un gran apóstol de la iglesia entre nosotros. 

Ser apóstol de Jesucristo era la única razón por la que estaba aquí y donde quería pertenecer para siempre. Pareció adivinar este destino suyo. Cuando iba al funeral del P. Gustavo Le Paige a San Pedro de Atacama lo acompañaba su hermana Gloria con su marido Willy Arthur, y al pasar frente al cementerio de Antofagasta lo indico diciendo a su hermana; "Aquí tendrás que venir a verme". La obediencia religiosa que lo trajo a Antofagasta lo había destinado últimamente a Santiago, por razón de su deteriorada salud. Acepto la obediencia, como era natural, pero no manifestaba particular entusiasmo por el cambio que iba a realizar sin prisa. Ignoraba el P. Errazuriz que Dios quería llamarlo aquí. Antofagasta era la destinación de Dios para el. Aquí quedo, y su hermana Gloria cumplirá, si duda, aquel deseo de venir a verlo.

El P.Errazuriz fue un gran colaborador con los Obispos de Antofagasta, como algo tan propio de un miembro de la Compañía de Jesús. Y la verdad es que fue también mas que eso. En el tuvimos un consejero y amigo, cual memoria guardamos con reconocimiento y afecto. 

En la historia de esta ciudad y región -porque el Colegio San Luis se desparrama hacia todo este norte y mas allá- la figura del P. Errazuriz tiene ya un lugar como apóstol de Jesucristo, como educador y como un hombre identificado con el norte, "empampando" como dice Andrés Sabella. El señor Jesús ha premiado ya la consagración de su vida recogiéndolo el Viernes Santo y llevándolo al sepulcro el domingo de Resurrección, para que en el día final desde aquel sepulcro, resucite glorioso para siempre.

Carlos Oviedo Cavada
Arzobispo de Antofagasta
("El Mercurio", Antofagasta, 10-4-1983)

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